
La mina Esperanza se explotó a finales de los años 50 y principios de los 60 del siglo XX a través de la JEN (Junta Energía Nuclear), como respuesta a las notables anomalias radiactivas detectadas en las pizarras ampelíticas del Complejo Esquisto Grauváquico (CEG) en esta zona del oeste salmantino.